Suma y sigue

http://www.myniceprofile.com/hello-139493.html

(publicado originalmente el 13/7/2015)

El segundo día en que me levanté temprano para hacerme el famoso análisis de sangre, las cosas iban mejor que el primer día.

Cuando sonó el despertador, aunque no me sentía muerto, como otros días, con un electroimán en las orejas y metal en el cojín, tampoco estaba fresco y listo para cantar y bailar con un misterioso acompañamiento musical (no diegético, supongo). De hecho, no solamente tenía un nivel de cansancio normal, sino que tenía la tripa algo revuelta, lo cual siempre es una alegría cuando no puedes desayunar. Pero esa barriga rebelde hizo que pasara unos diez minutos más de los que planeaba en el baño, lo cual me hizo salir un poquito más tarde de casa.

Como había explicado en otras entradas, el análisis de sangre debía hacerse en unas horas concretas, y llegué al laboratorio de análisis con poco margen, de apenas media hora. Solo con que hubiese la cola que había normalmente, iríamos justitos justitos. Pero, bueno, no había la cola que había normalmente.

Lo que había era la noticia de que el Imserso organiza excursiones a los laboratorios de análisis. Ancianos. Ancianos por todas partes. Caras arrugadas. Cuerpos desgastados. Pieles deslustradas. Miradas perdidas. Dentaduras postizas. Los Ancianos, de Hitchcock.

Cogí número, y me dispuse a esperar.

Miré el display en el que ponía los turnos. ¿Existían números tan altos? Me sentí Bitelchus en la sala de espera de los muertos.

No había manera humana de que me atendiesen antes de la hora de la merienda, así que salí a la calle, y, como estaba en ayunas, me compré un bocadillo de jamón y un café con leche para llevar.

El café no solo quemaba, sino que estaba quemado.

El bocadillo estaba bastante bueno.

Caminando, xino xano, para casa, intenté darle sentido a la mañana.

Marque una opción:

a) “He empezado fatal el día, todo me ha salido mal”.

b) “Hoy todo está saliendo a pedir de boca”

Esas eran las opciones de mi cuestionario mental que suelo usar para valorar los días, pero ninguna se aplicaba al 100% esa mañana.

En vez de un cerebro con respuestas tipo test, tendría que haberme hecho un examen argumentativo, en el que poder desarrollar una respuesta con más matices, o, si somos muy fans de las ciencias duras, pues como mínimo un examen de matemáticas, con una ecuación.

La “X” es el valor del día, que puede ser positivo o negativo. Al otro lado del “=”, los hechos, con su puntuación: el levantarme cansado es un 1. No tener hambre de desayunar es otro 1. El pasar más rato del que quería en el baño es un -1. El llegar justo de tiempo es un -2. La invasión de la tercera edad es otro -2. El café malo es un -1, pero el bocadillo bueno es un +1…

Y así, sumando y sumando, hasta que, con suerte, la ecuación del día quede, como mínimo, en X=0. Y, claro, al día siguiente, un nuevo examen…Ya se sabe que lo que se lleva últimamente es la evaluación continua.

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